¿Quién es Alba Santos?

Una entrevista de María Rado.

Podríamos pensar que Alba no necesita presentación, que las horas que dedica a NUPA, al Hospital La Paz y a todos los que la rodean son suficientes para conocerla. Pero no. Precisamente por eso, porque se las dedica a otros. Su abuela, su yaya, la define como incansable, intuitiva, demasiado confiada y muy, muy impulsiva. Ella añade que le gusta escuchar a la gente, que escuchando se aprende a mejorar, y desde NUPA completamos su perfil destacando su entrega y capacidad de sacrificio por los demás.

Alba repasa los años anteriores a NUPA como si pertenecieran a otra vida: “trabajé mucho tiempo en medios de comunicación, en prensa y en radio. Estuve dos años trabajando en el Parlamento, al comienzo de la crisis en medio de un clima político muy complicado, cinco años en centros penitenciarios, con presos de alto riesgo. He pasado mucho tiempo trabajando en América Latina y en África, en cooperación y en prensa” y, asegura, de todas esas experiencias ha aprendido.

NUPA y Alba cumplen años el mismo día: el 11 de febrero de 2006 y Alba nació esa misma fecha unos cuantos años antes –aunque tampoco muchos- en Vilagarcía de Arousa. Estaban predestinadas a unir sus caminos. De sus primeros contactos con NUPA recuerda “los enormes ojos negros de Auxi cuando la cogí en brazos por primera vez, las poquísimas referencias al trasplante multivisceral en Google, y la generosidad de una familia que, en el peor momento de su vida, donó los órganos de su hijo para Carlos Estéban.”

Aun siendo tan resolutiva y eficaz en la toma de decisiones en el día a día de NUPA, a Alba le resulta muy difícil elegir solo un momento que fuera especial para ella en la entidad. “Cada vez que llega un trasplante, ese día se convierte en especial, así como el día que toca despedir a alguno de los nuestros. El día que decidimos cómo serían y olerían los Nupancitos, el homenaje sorpresa al Doctor Prieto, la primera vez que fuimos portada de El Mundo, con Luna. El día que la madre de Soraya me pidió que oficiase su boda, dos años después de que se nos fuera su hija. El día que volvimos con Julia a Puente del Arzobispo. La carrera benéfica en Tenerife y en Bolaños. La regata de Cartagena….”

Recuerda también, por la intensidad e impacto del momento, el día que el Atlético de Madrid invitó a Auxi y a Gari a salir al césped del Calderón con los jugadores en un partido entre el Atletico y el Athletic. “Veníamos de un año difícil, en una semana de mucha tensión acumulada. Lanzamos un reto que desembocó en una campaña de prensa con más de mil apariciones… y cuando los niños volvieron del campo yo estaba feliz y emocionadísima, pero agotada. Auxi me decía… ‘¿lloras porque lo hicimos mal? ¿estás enfadada?’ Mi pobre… después de tres trasplantes y dos linfomas no me había visto llorar nunca.”

Alba es capaz de ver la parte más alegre de la vida, incluso en un contexto en el que no siempre es fácil, y considera que ese precisamente es su mayor logro. Además, ha sido partícipe de grandes éxitos de otras personas y de la propia entidad y los destaca como momentos muy especiales en su vida.“Cuando nos dieron el Premio Albert Jovell, el día que Nora aprendió a andar en bici, cuando Sergio salió de la UCI para hacerse una foto para el calendario, el día que Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay, se emocionó al leer nuestro cuento solidario…”

Preguntada por un sueño recurrente, reconoce que duerme poco –en NUPA damos fe- y que rara vez se acuerda de sus sueños. Alba es más de soñar despierta, “de disfrutar a tope de los buenos momentos: exprimir mucho los viajes, los ratos con mis amigos, mi familia. La ilusión. La alegría” y eso se contagia, como su enorme sonrisa.

Periodista de profesión, especialista en Derechos Humanos y Comunicación Social, su vida cambió cuando un coche atropelló a su sobrina Sofía a los 8 años. “Para evitar pensar, empecé a compaginar varios trabajos mientras estudiaba… caí en la cárcel de Topas con gente que me enseñó que la vida te pega un volantazo en cualquier momento. Desde entonces, sé que estamos aquí de paso” y, quizás sin saberlo aún, aquello le marcó un camino que pasaba por volcar su vida en ayudar a los demás. “Ojalá Sofía hubiera tenido la oportunidad de volver a casa gracias a un donante de órganos”.

Admira profundamente a Eduardo Galeano, de quien aprendió cosas que pone en práctica cada día; y a su abuela. “La yaya es luz, siempre positiva, siempre fuerte, siempre auténtica. Es honesta y leal de pies a cabeza. Ojalá todo el mundo tuviese una abuela así. ¡Qué suerte la mía!”. Tan honesta es la yaya que un día, cuenta Alba, la oyó comentar con su tía que era imposible que su nieta pudiera trabajar en un hospital “si cada vez que ve una gota de sangre pierde el conocimiento”. Pese a no haber tenido ningún problema grave de salud y, aunque no lo parezca, Alba es muy aprehensiva y cada análisis de sangre es una drama. Sin embargo, hace de tripas corazón y ejerce un acompañamiento crucial para los pacientes de NUPA y sus familias, que la adoran. Es increíble ver el amor que los niños de la asociación tienen por Alba, la luz en sus ojos y la gratitud sincera que, casi sin darse cuenta, de forma natural, demuestran hacia ella.

Esa probablemente sea una de las principales razones por las que existen las asociaciones de pacientes, que ellos y sus familias se sientan acompañados, en cierto modo guiados, en un camino que no saben muy bien dónde les va a llevar, pero que tienen la certeza de que no harán solos. Al acompañamiento y al trato humano, además, hay que añadir todo el apartado logístico y asistencial de servicio de acogida, becas, ayudas de emergencia, investigación…y sobre todo, el contacto que las asociaciones de pacientes establecen entre el equipo médico especializado en la patología y el paciente a tratar.

Alba reconoce que la experiencia es lo más importante que ofrece una asociación como NUPA. “Si a mí me detectasen un fracaso intestinal mañana, mi esperanza pasaría por conocer a Marc, a Fran, a Noelia, a Lucas, a Gari… a personas que pese a su nutrición parenteral permanente o a su trasplante multivisceral, han sido capaces de plantarle cara a las dificultades con toda la alegría y el optimismo del mundo.”

Y así es como Alba quiere ser recordada cuando se jubile, con alegría. Como una persona que ha disfrutado de su trabajo pese a haber vivido situaciones complicadas. “¡Tenemos la suerte de compartir cada día con personajes increíbles, aprender de sus lecciones y compartir el día a día con ellos, es un regalazo! Que me recuerden disfrutando de mi trabajo tanto como yo lo hago.” Lo que está claro es que Alba permanecerá en el recuerdo de todas y cada una de las personas que tienen o han tenido un vínculo con NUPA, que no se puede entender sin el esfuerzo, la entrega y el compromiso de su directora.

 

BONUS TRACK

En cada Quién es Quién, el entrevistado anterior hará una pregunta al siguiente –a veces sabiendo de quién se trata y a veces no- Esta pregunta se la lanza Ali Alcolea a Alba.

¿Qué es lo que te mueve para pelear en tantas batallas de familias ajenas? ¿Cómo y por qué empezó todo?

Las familias de NUPA, los niños del barrio Casabó en Montevideo, los hijos de la droga, la gente de las cárceles, los damnificados de una catástrofe natural… Son gente en situaciones tan límites que te dan lecciones magistrales cada día. Con ellos aprendo a valorar lo que de verdad importa. A disfrutar de cada momento. A querer más y mejor. A simplificar lo que no es grave. Yo no peleo, les acompaño en su lucha, y disfruto de sus batallas ganadas. Y ganan siempre, incluso cuando se van dejan mensajes que nunca se olvidan.  Afortunada yo por aprender tanto de ellos, y que me recuerden cada día que cada instante cuenta. Hagamos que cuente bonito.

¿Cómo empezó? Manuel Fraga, con el que coincidí trabajando en el Senado, me dijo un día que yo solo iba a ser feliz en la calle, escuchando historias de vida, al lado de la gente. Así que cuando dejé la comunicación política, me propusieron gestionar una ONG muy pequeña que ofrecía pisos de acogida y en ese momento conocí a Auxi. Me hablaron de una madre que había llegado a España desde Ecuador sin nada, sola, con la esperanza de que su hija pudiera sobrevivir. Me hice voluntaria de NUPA…y hasta hoy.  Conocer a Auxi me cambió la vida.

 

 

 

 

 

 

 

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