RECUERDOS Y REFLEXIONES DEL DR. MANOLO MOLINA

Nuestro Doctor Manolo Molina, al que todos los pacientes del Hospital La Paz conocéis, nos ha hecho llegar una carta llena de recuerdos y reflexiones. En ella, repasa toda su trayectoria profesional al lado de los pacientes y compañeros en la Unidad de Gastroenterología. Una historia que arranca en el año 1987 para este día festivo en Madrid. ¡Qué la disfrutéis!

 

Pasado, presente y futuro.

 

Llevo algún tiempo con ganas de escribir algo para compartir con nuestra familia de Nupa y creo que este puede ser un buen momento para hacer una serie de reflexiones. Vivimos unos días… ¿raros?, la verdad es que no sé cómo llamarlos, pero no son unos días como los demás. El relevo generacional es un hecho natural, pero que siempre nos cuesta asumir y que puede producirnos cierta inquietud, sobre todo cuando el que termina su ciclo laboral para disfrutar de un más que merecido descanso es una persona de la altura profesional de Gerardo Prieto.

En estos días de cambio no he podido dejar de recordar el pasado que nos ha traído hasta la situación actual, ni he podido dejar de preguntarme por el futuro que nos espera.

Este pasado comienza para mí en el verano de 1987, hace tres vidas. Yo era un residente de primer año que llegaba al Hospital La Paz tres meses después que el resto de mis compañeros, ya que tuve el honor y el deber de defender a España hasta ese momento, lo que quiere decir (para que me entiendan los más jóvenes) que venía de hacer la mili. Os contaría cómo impone el Hospital cuando uno llega la primera vez, pero creo que de eso no hace falta que os explique nada. Entonces me ocurrió algo que me sorprendió: el director del hospital me recibió a mí, un humilde R1, en un despacho enorme con un cuadro grandísimo lleno de angelotes y me dio la bienvenida. Fue mi primer encuentro con Gerardo y casi no recuerdo nada de lo que me dijo, solo que me dio un consejo: “no te preocupes, no tienes ninguna posibilidad de trabajar en el hospital cuando acabes la residencia”. Yo no dije nada, era el director y le acababa de conocer, pero pensé para mí: “ya veremos…”

Tuve suerte y dejó la dirección del Hospital para volver al Servicio de Digestivo, al que yo llegue también en época de cambio, cuando la doctora Isabel Polanco relevó al frente del Servicio al doctor Carlos Vázquez, maestro de maestros en gastroenterología. Allí tuve la suerte de coincidir también con la doctora Sira Carrasco, trágicamente fallecida en un estúpido accidente de tráfico cuando todavía tenía tanto que compartir con los que tuvimos la fortuna de pasar una parte de nuestra vida con ella. Cuando llegó mi cuarto año de residencia tenía que elegir la especialidad y, la verdad, tenía mis dudas sobre qué elegir. Así que lo pensé profundamente durante unas décimas de segundo y llegué a una conclusión: no podía perder la ocasión de formarme con dos médicos de la categoría de Sira y Gerardo. Así me hice gastroenterólogo.

Cuando acabé la residencia trabajé cuatro años en el Hospital Severo Ochoa de Leganés, del que guardo muy buenos recuerdos y en el que acabé de convertirme en pediatra. Por fin, cuatro años después conseguí volver a la Casa Madre. Era enero de 1995.

La aventura del trasplante comenzó poco tiempo después. Entonces éramos muy poquitos en Gastroenterología: la doctora Polanco (entonces Jefe de Servicio), Gerardo Prieto, Jesús Sarría (que, tras algunos avatares, sustituyó a la malograda Sira) y yo mismo. Allá por el año 1997 el doctor Manuel López-Santamaría empezó a meternos a todos en esta tarea que, aunque todavía no lo sabíamos, iba a cambiar nuestra vida profesional de forma radical. Hicimos el primer trasplante el 21 de octubre de 1999 (por cierto, el día de mi cumpleaños) y no hemos parado desde entonces. Fueron años duros y difíciles, pero tremendamente ilusionantes y gratificantes. Recuerdo un sábado a las tres de la mañana como toda la panda veíamos la teletienda en Anatomía Patológica mientras esperábamos a que saliesen las biopsias de uno de nuestros primeros episodios de rechazo. Porque los primeros años, cuando había una complicación durante la guardia, acudíamos los tres gastros, el cirujano y, como no, nuestro patólogo, el querido Javier Larrauri, ya jubilado.

Así fuimos avanzando y creciendo, de tal forma que en menos de diez años llegamos a ser el tercer centro de trasplante intestinal a nivel europeo y el décimo (o así) a nivel mundial. La Unidad creció y fue aumentando la plantilla de todos los servicios implicados en el trasplante ya que la carga de trabajo se multiplicaba. También nosotros fuimos creciendo, con la incorporación progresiva, a partir de 2006, de nuestras doctoras Esther Ramos, Eva Martínez-Ojínaga y Lorena Magallares, además de otros compañeros y compañeras que nos han echado una mano con las guardias de trasplante.

Y así hemos llegado al presente. ¿Qué tenemos? Pues tenemos un equipo estupendo, cohesionado, muy bien formado, con un conocimiento profundo de nuestra especialidad y con unas ganas enormes de darlo todo por nuestros pacientes y, como buenos pediatras que somos, también por las familias de nuestros pacientes. Alguna vez he leído en el Facebook o en la web de Nupa la suerte que tienen los pacientes de tener su equipo médico. Pues no, yo no estoy de acuerdo, somos nosotros los que tenemos la suerte de poder ayudar a mejorar la existencia de esos pequeños gigantes a los que la vida se lo pone difícil pero que responden apretando los dientes y peleando contra toda adversidad, como también de ayudar a esas familias que tanto nos enseñan día a día y que tanto nos enriquecen en lo personal.

¿Y qué podemos decir del futuro? Esta pregunta me recuerda una frase de Alice Walker que usa mucho un amigo mío: “mira de cerca el presente que estás construyendo, debería parecerse al futuro que estás soñando”. Para el futuro nos espera más de lo mismo… o mejor. Últimamente he escuchado varias veces como me preguntaban: ¿qué vais a hacer a  partir de ahora? La respuesta es muy sencilla, vamos a seguir trabajando. Y, además, vamos a seguir trabajando bien. Comprendo que haya muchas personas con una inquietud por la jubilación del doctor Prieto, en algunos casos de forma comprensible por falta de un conocimiento profundo del Servicio y en otros no tan comprensible y con un poco de deslealtad, pero creo sinceramente que no hay motivo para preocuparse.

El doctor Prieto es irrepetible. Todos admiramos su agilidad mental y su inteligencia, así como su prodigiosa memoria, por no hablar de su capacidad de empatizar con el paciente y la familia. Todos le echaremos de menos. Pero os puedo asegurar que ha dejado un equipo que va a saber estar a la altura y que lo va a dar todo, e incluso más, por seguir mejorando en lo posible la vida de nuestros pacientes y sus familias.

Seguimos adelante. Todos juntos.

Un abrazo para todos,

Manuel Molina

28 de abril de 2018.

 

2 comentarios
  1. Monica contreras
    Monica contreras Dice:

    Querido Manolo…. perdon por llamarte simplemente asi… una persona con un don especial… asi te conoci hace un poco mas de 20 años cuando vos y todo el servicio ,.me brindaron esa hospitalidad que es dificil de olvidar… a ti a Gerardo les estoy sumamente agradecida por sus enseñanzas… por lo bien que me hicieron sentir en esos 2 intensos meses…. desde este mi lugar… del otro lado del oceano les dejo mis mas sinceros augurios… la vida continua… lo que atesoramos en nuestra vida … amigos . y tambien a nivel profesional …. colegas…es lo mejor que nos puede pasar….
    Cariños … mi reconocimiento a Gerardo por favor haceselo llegar

    Responder

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